Calidad de la Democracia y reincorporación política de las FARC-EP. Logros y Retos

Desayuno de paz No. 28 

Invitado: Juan Fernando Londoño

25 de agosto de 2018

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En esta oportunidad Juan Fernando Londoño, quien fue viceministro del interior durante el gobierno de Juan Manuel Santos, y miembro de la delegación del Gobierno durante las negociaciones con las FARC, desde una perspectiva muy personal y basado en su experiencia nos explica cuáles son los retos y avances que enfrenta la implementación de los acuerdos en materia de reincorporación, garantías de participación para la oposición, en una democracia que él define como imperfecta.

Elementos determinantes del conflicto armado colombiano.

Juan Fernando describe como causales del conflicto cuatro elementos que se relacionan entre sí:

  1. Las FARC surgieron durante el Frente Nacional, período en el cual las élites de los partidos Liberal y Conservador se repartieron el poder, dando una solución política a la violencia entre ellos, pero olvidándose de la existencia de otros actores en la política nacional.
  2. Este era un sistema político cerrado, que hacía casi inevitable que en Colombia también se conformaran guerrillas, considerando que por ese tiempo se estaban llevando a cabo en toda América Latina insurgencias socialistas.
  3. Se legitimó la violencia como una forma de resolver los conflictos. A pesar de que con la constitución de 1991 se logró incluir otros sectores de la sociedad en el espectro político, el conflicto armado ya había establecido unos sesgos hacia el uso de la violencia.
  4. Se sustrajeron de la discusión política temas medulares de un país en guerra– la seguridad, el manejo de las armas y el actuar de las fuerzas armadas– porque se estableció una separación entre la política y los asuntos militares. Toda oposición empezó a ser vista como un acto subversivo, como una acción comunista o guerrillera. Los fenómenos de protesta se vieron como producto de la infiltración guerrillera en medio de la movilización civil.

De ahí la necesidad de plantear una reforma de este modelo que permitiera la inclusión de los sectores históricamente excluidos, así como de los actores alzados en armas. Es lo que se trató de abordar desde el Acuerdo de Paz.

Reconstruir desde una democracia imperfecta

La manera de interpretar el mundo determina nuestra manera de actuar frente al él, dice nuestro invitado. Por esto, aunque todos estemos buscando la paz, la forma de paz que buscamos es muy diferente. Los opositores al Acuerdo de Paz de La Habana no se oponen a la paz sino al tipo de paz que se firmó. Pero debe entenderse que para llevar a cabo una negociación existen dos premisas fundamentales: primero, la paz implicaba hacer concesiones porque las FARC no estaban derrotadas; segundo, la paz debía construirse a partir de las transformaciones de las condiciones que dieron origen al conflicto; no significa sólo silenciar los fusiles. Estas grandes transformaciones tienen que ver con el tema agrario, la democracia, las economías ilegales y un modelo de justicia transicional que reconozca a las víctimas.

En este caso, nos enfrentamos a tres narrativas: la de la oposición o la narrativa uribista, según la cual no hubo conflicto armado sino acción terrorista; la de la guerrilla, que establece que en Colombia no hay democracia pues no pudieron hacer política y se armaron como respuesta ante un Estado que no les dio oportunidad. De ahí que se percibieran como víctimas y tuvieran dificultad de reconocerse como victimarios en esta guerra; y la última, la narrativa civil, que ha estado en el medio de estas dos. El acuerdo trató de buscar una narrativa alternativa a las dos primeras, tratando de reconocer que ha habido una democracia imperfecta que generó unos problemas que deben ser modificados, y por lo tanto, construir una paz estable y duradera implica hacer modificaciones a dicha democracia, para cumplir el principio fundamental de tramitar los conflictos de manera civilizada.

Se deben construir unos pilares para resolver los conflictos. Primero, una democracia representativa que debe permitir la entrada de los actores políticos que estuvieron en guerra, ofreciendo una transición para que se adapten al sistema, garantizando que tengan una voz en este sistema político; es por esto que en el acuerdo se dan al partido que surge de las FARC cinco curules en el congreso durante ocho años (dos períodos legislativos). Luego de la transición, ellos tendrán el desafío de adaptarse y llegar a la sociedad de tal forma que ganen respaldo político, o desaparecen. Segundo, se deben remover los obstáculos que impiden que la gente pueda crear partidos y hacer política; esto implica una reforma política más profunda para garantizar equidad en la competencia, participación, e inclusión.

Además, la democracia no es sólo representativa: es necesario institucionalizar otras formas de participación como la protesta social. Esto implica la modernización y adaptación de las instituciones a las nuevas realidades del país. La protesta social es el último recurso al que la gente acude cuando sus demandas no son resueltas o atendidas adecuadamente. Si se reconocen otras formas de participación, los ciudadanos no acudirían a la protesta social, pues existirían otros mecanismos de diálogo con la población para tramitar dichas demandas.

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Retos de la implementación del punto de Participación Política

El principal reto radica en que el triunfo del NO en el plebiscito se fundamentó en una serie de mentiras y temores, que el gobierno actual debe desmontar por cuanto representan barreras para la participación del partido FARC como actor político. En la práctica, se está implementando lo acordado en el punto de participación: están ejerciendo como partido, tienen sus curules y tienen una vocación política. Sin embargo, la resistencia de la oposición hacia las circunscripciones especiales de paz y el bloqueo de esta iniciativa, se justificaron en el miedo a que la guerrilla hiciera su transición con poder político y a que estas circunscripciones incrementaran ese poder.

Los acuerdos ya han implicado una restructuración del poder en Colombia. Una evidencia de esto es que un candidato de izquierda estuvo cerca de ganar la presidencia. En un escenario de conflicto, en el que las FARC aun estuvieran alzadas en armas, esto no habría sido posible. Durante el conflicto armado, el temor y el terror fueron la motivación de aglutinación política: a Álvaro Uribe lo eligieron para combatir a la guerrilla, y a pesar de las discrepancias hay que reconocer que lo hizo exitosamente, dice Juan Fernando.

Finalmente, una vez acallados los fusiles, ha sido posible atender otras problemáticas que aquejan a la sociedad colombiana, como la corrupción. De ahí que las demandas sociales cambien y de esta manera las fuerzas políticas se ajusten. Este nuevo escenario representa una oportunidad para que la sociedad civil se movilice en torno a otros temas críticos en Colombia. Esto no habría sucedido en un país en guerra.

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